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domingo, 19 de junio de 2011

El Real Madrid se lleva el clásico.... y la Copa


Y felicidades para el madridismo, para Mourinho y para todo aquel sufridor que dedicó 120 minutos de su miércoles prefestivo a contemplar el triunfo del Real Madrid, ante el FC Barcelona (0-1), en la final de la Copa del Rey. Mágico, intenso, fútbol en estado puro. Un sin fin de adjetivos para describir un partido vibrante, con dominio repartido por partes y que se materializó en el decimoctavo título copero de los blancos, curiosamente, 18 años después del último.
El 'revolucionario revolucionado' Pepe repetía entre Khedira y Xabi Alonso y el técnico portugués volvió a acertar. Anuló a Iniesta, Xavi y Messi toda la primera parte y enseñó a sus once jugadores, Cristiano incluido, a defender como nunca. Hubo bloque, hubo contundencia.
La cita llegaba en pleno recital de 'clásicos', tras un soso primer asalto en Liga el pasado sábado y a la espera del plato casi más fuerte en Champions. Con el 'trivote' y el fútbol defensivo, como principales reclamos blancos, y con la ausencia de Puyol en el centro de la defensa culé (Mascherano hizo de él), los de Mourinho irrumpieron en el estadio valencianista.
Los contraataques seguían siendo el arma básica, pero la presión se convirtió en el compañero de viaje ideal. Hasta cinco jugadores colonizaban campo culé sin rubor, cuando el equipo de Pep trataba de elaborar, y el descaro surtía efecto. Seguramente nadie se lo esperaba.
Así llegó el primer aviso de Cristiano Ronaldo en el minuto 12, con una rápida transición prolongada por Khedira, que el portugués trató de finalizar con un disparo raso, pero Mascherano despejó bajo palos.
El susto iba acompañado de más presión, de más empuje y de juego duro por ambos bandos. Entre tanto intercambio de golpes, el Barça sufría para elaborar, sorprendido sobre todo por la falta de espacio concedido por los blancos.
Llegaron las primeras amarillas (Pepe y Pedro) y la primera trifulca entre jugadores por un enganchón entre Arbeloa y Villa. Pero también el segundo disparo a puerta de Cristiano y la primera gran parada de Pinto, cuando se superaba ampliamente la primera media hora de juego.
En resumen, mucho Madrid y poco Barça. Incluso pudo ser peor, más allá del 64% de posesión culé (en su campo, eso sí), si Pepe no hubiera rematado al palo, justo antes del descanso, un gran centro de Özil que le obligó a volar por encima de Alves. Parecía dentro y parecía justo.

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